domingo, 18 de abril de 2010

Biografía De Santo Domingo Sabio

Nació Domingo Savio en Riva de Chieri (Italia) el 2 de abril de 1842. Era el mayor de los cinco hijos de Ángel Savio, un mecánico muy pobre, y de Brígida, una sencilla mujer que ayudaba a la economía familiar haciendo costuras para sus vecinas.

Desde muy pequeño le agradaba mucho ayudar en la Santa Misa como acólito, y cuando llegaba al templo muy de mañana y encontraba la puerta cerrada, se quedaba allí de rodillas adorando a Jesús Eucaristía, mientras llegaba el sacristán.

El día anterior a su primera confesión fue a donde su mamá y le pidió perdón por todos los disgustos que le había proporcionado con sus defectos infantiles. El día de su primera comunión redactó el famoso propósito que dice:
"Prefiero morir antes que pecar".
A los 12 años se encontró por primera vez con San Juan Bosco y le pidió que lo admitiera gratuitamente en el colegio que el santo tenía para niños pobres. Don Bosco para probar que tan buena memoria tenía, le dio un libro y le dijo que se aprendiera un capítulo. Poco tiempo después llegó Domingo Savio, le recitó de memoria todo aquel capítulo y fue aceptado. Al recibir tan bella noticia le dijo a su gran educador:
"Ud. será el sastre. Yo seré el paño. Y haremos un buen traje de santidad para obsequiárselo a Nuestro Señor". Esto se cumplió admirablemente.

Un día le dijo a su santo confesor que cuando iba a bañarse a un pozo en especial, allá escuchaba malas conversaciones. El sacerdote le dijo que no podía volver a bañarse ahí. Domingo obedeció aunque esto le costaba un gran sacrificio, pues hacía mucho calor y en su casa no había baño de ducha. San Juan Bosco añade al narrar este hecho:
"Si este jovencito hubiera seguido yendo a aquel sitio no habría llegado a ser santo". Pero la obediencia lo salvó.

Cierto día dos compañeros se desafiaron a pelear a pedradas. Domingo Savio trató de apaciguarlos pero no le fue posible. Cuando los dos peleadores estaban listos para lanzarse las primeras piedras, Domingo se interpuso en medio de los dos con un crucifijo en las manos y les dijo:
"Antes de lanzarse las pedradas digan: Jesús murió perdonando a los que lo crucificaron y yo no quiero perdonar a los que me ofenden". Los dos enemigos se dieron la mano e hicieron las paces. Por muchos años ellos recordarían con admiración este modo de obrar de su amigo.

Por tres años se ganó el Premio de Compañerismo, por votación popular entre 800 alumnos. Los compañeros se admiraban de verlo siempre tan alegre, tan amable, y tan servicial con todos; ellos recordarían lo que él les repetía:
"Nosotros demostramos la santidad, estando siempre alegres".

Con los mejores alumnos del colegio fundó una asociación llamada
"Compañía de la Inmaculada" para animarse unos a otros a cumplir mejor sus deberes y a dedicarse con más fervor al apostolado. Llama la atención que de los 18 jóvenes con los cuales dos años después fundó San Juan Bosco la Comunidad Salesiana, 11 eran de la asociación fundada por Domingo Savio.

Un día, al corregir a un joven que decía malas palabras, este le dio un bofetón. Domingo se enrojeció y le dijo:
"Te podía pegar yo también porque tengo más fuerza que tú. Pero te perdono, con tal de que no vuelvas a decir lo que no conviene decir". El otro se corrigió y en adelante fue su amigo.

En otra ocasión hubo un grave desorden en clase. Domingo no participó en él, pero al llegar el profesor, los alumnos más indisciplinados le echaron la culpa de todo. El profesor lo regañó fuertemente y lo castigó, pero Domingo no dijo nada. Al enterarse despues de la verdad, el profesor le preguntó por qué no se había defendido y él respondió:
"Es que Nuestro Señor tampoco se defendió cuando lo acusaron injustamente. Además a los promotores del desorden sí los podían expulsar si sabían que eran ellos, porque ya han cometido faltas. En cambio a mí, como era la primera falta que me castigaban, podía estar seguro de que no me expulsarían". Muchos años después el profesor y los alumnos recordaban todavía con admiración tanta fortaleza en un niño de salud tan débil.

La madre de San Juan Bosco, mamá Margarita, le decía un día a su hijo:
"Entre tus alumnos tienes muchos que son maravillosamente buenos. Pero ninguno iguala en virtud y en santidad a Domingo Savio. Nadie tan alegre y tan piadoso como él, y ninguno tan dispuesto siempre a ayudar a todos y en todo".

San Juan Bosco era el santo de la alegría. Nadie lo veía triste jamás a pesar de su salud deficiente y sus grandes problemas. Un día los alumnos lo vieron extraordinariamente serio. ¿Qué pasaba? se alejaba de su colegio el más amado y santo de todos sus alumnos: Domingo Savio. Los médicos habían dicho que estaba tosiendo demasiado y que se encontraba demasiado débil para seguir estudiando, le recomendaron regresar a su pueblo para descansar por unas semanas.

Cada mes, en el Retiro Mensual del colegio se rezaba un Padrenuestro por aquel que habría de morir primero. Domingo les dijo a los compañeros:
"el Padrenuestro de este mes será por mí". Nadie se imaginaba que iba a ser así, y así fue. Cuando Domingo se despidió de su santo educador que en sólo tres años de bachillerato lo había llevado a tan grande santidad, los alumnos que lo rodeaban comentaban: "Miren, parece que Don Bosco va a llorar". - Casi que se podía repetir aquel día lo que la gente decía de Jesús y un amigo suyo: "¡Mirad, cómo lo amaba!".

Domingo Savio estaba preparado para partir hacia la eternidad. Los médicos y especialistas que San Juan Bosco contrató para que lo examinaran comentaban:
"El alma de este muchacho tiene unos deseos tan grandes de irse a donde Dios, que el débil cuerpo ya no es capaz de contenerla más. Este jovencito muere de amor, de amor a Dios".

El 9 de marzo de 1857 cuando estaba próximo a cumplir 15 años de edad, y cursaba 8º de bachillerato, Domingo, después de confesarse, comulgar y recibir la Unción de los enfermos, sintió que se iba hacia la eternidad. Llamó a su padre para que le rezara oraciones del devocionario junto a su cama. A eso de las 9 de la noche exclamó:
"Papá, papá, qué cosas tan hermosas veo" y con una sonrisa angelical expiró dulcemente.

El 12 de junio de 1954 fue canonizado por el Papa Pío XII.

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